Esto es una reproducción de un artículo muy groso publicado por "el ruso" Norberto Verea en su blog en Clarín.com (
click acá para ver la entrada original y completa), a causa del fallecimiento del futbolista español Antonio Puerta del club Sevilla a fines de Agosto de 2007.
El material es de lectura obligatoria para todo deportista, aunque sea amateur, y los que no sean deportistas también deberían leerlo, porque es un artículo muy jugoso.
Hace rato que yo quería publicar algo al respecto, aunque no me considero fanático del fútbol pero sí me gusta mirarlo, y este tema me impresionó mucho.
Acá va.
Morir jugando
El 28 de agosto último fallecía en España el jugador Antonio Puerta quien unos días antes, luego de sufrir una crisis cardíaca jugando frente al Getafe, fuera desfribilado en el mismo campo de juego. Esta maniobra posibilitó que rápidamente el futbolista pudiera ser trasladado, aún con vida, a un centro de atención donde lamentablente se produjo el deceso pues su estado era muy delicado.
A partir de este desgraciado hecho se volvió a recomendar a todos los clubes que participan en torneos profesionales que sería conveniente estar preparados -en recursos humanos y técnicos- para eventuales situaciones como la sufrida por el jugador del Sevilla, pues de este modo se evitarían muchísimas de las denominadas muertes súbitas.
¿Cuántas instituciones lo han hecho?
A continuación y gracias a la amabilidad del Dr. Jorge Farías, les ofrecemos un artículo que los ilustrará sobre el tema.
Hace unos años en un encuentro social con un reconocido director técnico -tanto a nivel nacional como internacional- le pregunté sobre cuál era el principal problema de salud que encontraba en los jóvenes que se acercaban al fútbol profesional.
Sin dudar me respondió: “la desnutrición”.
En posteriores conversaciones con el “Ruso” Verea, vinculadas al fútbol y medicina, siempre me hizo notar que realmente hacía falta trabajar mucho en las costumbres higiénico-dietéticas, con el fin de que los deportistas lleguen en óptimas condiciones a las instancias del entrenamiento propiamente dicho.
A partir de estos diálogos pude notar que en países como el nuestro, la crisis sanitaria y educacional castiga muy fuerte en los “sectores de cantera”, aquellos grupos socioeconómicos que siempre tributaron los mejores jugadores (con honrosas excepciones) al fútbol argentino.
Entendiendo que somos conscientes de esta base, y que no miramos para los costados, llega a posteriori el drama de la "muerte súbita" en el deporte.
Un drama en sí mismo que se ve amplificado por los medios. Imágenes que dan la vuelta al mundo, numerosos artículos en la prensa mundial que tratan con gran sabiduría y calidad el problema.
Digo esto porque me he tomado el trabajo de revisar las publicaciones sobre “muerte súbita” en deportistas en varios diarios líderes de habla hispana y dichos artículos, en un noventa por ciento, son de excelente calidad.
A continuación, a modo de ejemplo, les presento algunos extractos:
Cita:
Diario “El País” España
La muerte súbita
JULIÁN P. VILLACASTÍN 28/08/2007
Durante muchos años, la muerte súbita de los atletas se ha considerado un misterio. Costaba creer que un corazón, entrenado y aparentemente sano, se pudiera parar de repente después de haber resistido esfuerzos tan intensos. Su causa se atribuía a un infarto de miocardio aunque raramente se observaran hallazgos compatibles en los estudios de autopsias.
Hoy conocemos que esta forma de muerte, denominada muerte súbita, se debe habitualmente a una arritmia cardiaca: la fibrilación ventricular. Esta arritmia se caracteriza por una actividad eléctrica del corazón tan rápida y caótica que anula por completo la actividad mecánica del órgano, detiene la expulsión de sangre y reduce a cero la presión sanguínea arterial. La consecuencia es una falta de oxígeno en el cerebro. Al cabo de unos segundos, se pierde el conocimiento y, si la arritmia persiste unos minutos, el desarrollo de lesiones cerebrales irreversibles es inevitable.
Pero la fibrilación ventricular no ocurre en corazones normales. En personas mayores de 35 años, la causa más frecuente de muerte súbita es la arteriosclerosis coronaria. En las personas jóvenes y los atletas, las causas son más variadas destacando dos alteraciones del músculo ventricular: la Miocardiopatía hipertrófica y la displasia arritmogénica de ventrículo derecho. Ambas tienen un componente genético y, mientras que en la primera lo que se observa es un crecimiento excesivo del miocardio ventricular izquierdo (hipertrofia), en la displasia existe una infiltración grasa y fibrosa que predomina en las paredes del ventrículo derecho. En ambas cardiopatías, la muerte súbita puede ser la primera manifestación de la enfermedad y a menudo se desencadena coincidiendo con una descarga adrenérgica o con ejercicio físico intenso.
Cuando la fibrilación ventricular se desencadena es excepcional que se auto limite. A no ser que se aplique una descarga eléctrica de corriente continua por medio de un desfibrilador (la corriente alterna podría provocar la arritmia, pero no suprimirla), el corazón permanecerá parado y ningún medicamento será capaz de ponerlo en marcha. En estas circunstancias, únicamente un masaje cardiaco eficaz puede prolongar unos minutos el tiempo límite para la cardioversión.
Es crucial, por tanto, identificar a los pacientes portadores de estas anomalías antes de que sufran un episodio de muerte súbita del cual podrán o no ser resucitados. Sin embargo, ésta es una tarea complicada cuando no imposible.
Una historia familiar de muerte súbita o bien el antecedente de pérdidas de conocimiento relacionadas con esfuerzos físicos o situaciones de descarga adrenérgica suponen un signo de alarma. En ambas enfermedades la exploración física, incluyendo la auscultación cardiaca, suele ser normal. El electrocardiograma, en cambio, con frecuencia es anormal, pero también lo es en más del 15% de los deportistas como consecuencia de las alteraciones cardíacas al realizar entrenamiento físico intenso y continuado. Otras pruebas como la ecocardiografía y la resonancia magnética, aunque no son 100% efectivas, sí tienen más posibilidades de llegar a un diagnóstico, pero no pueden realizarse de momento a grandes poblaciones como los deportistas. La lógica aconseja realizar chequeos para identificar los casos más evidentes, pero siempre habrá pacientes enfermos a los cuales no se podrá diagnosticar con estos exámenes. Por fortuna y a pesar del dramatismo que conlleva la muerte súbita, no debemos olvidar que su incidencia es muy pequeña (entre 0,4 y 2,3 por 100.000 deportistas / año) y que, gracias a la difusión de los desfibriladores semi automáticos, un porcentaje significativo podrá ser resucitado.
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Como claramente se desprende de este excelente artículo periodístico, lo crucial sigue siendo identificar a los portadores de anomalías potencialmente mortales lo que en principio tiene inconvenientes legales y económicos. Los primeros están relacionados a la falta de una legislación seria en materia de prevención de este problema. El Estado deja librado el problema al vínculo entre el atleta y su médico de cabecera, o bien, cualquier profesional de la medicina “que extienda el certificado”, y en caso de ocurrir algo estarían “cubiertos”.
Lo obvio es que por este camino seguirán aconteciendo eventos no deseados.
Cita:
El ejemplo Italiano (diario El País. España)
E. GIOVIO / G. LÓPEZ - Madrid - 03/09/2007
En el ámbito del fútbol profesional según todos los expertos en cardiología consultados, el modelo a seguir es el de Italia, que aprobó la ley "sobre la tutela sanitaria de las actividades deportivas" por la que todos los que quieran practicar un deporte de competición tienen que obtener un certificado de idoneidad deportiva. Es decir, someterse a un control médico que prevé un electrocardiograma, una prueba cardiorrespiratoria y un examen de la orina. "Si el médico, que obligatoriamente tiene que estar especializado en medicina deportiva, encuentra algo sospechoso puede pedir ulteriores pruebas", explica Fabio Pigozzi, cardiólogo, médico deportivo y miembro del Comité Olímpico Internacional. "La responsabilidad no es del atleta, sino del médico. El que no tenga el certificado no puede federarse", sentencia. La idoneidad se obtiene anual y gratuitamente hasta los 18 años. Cumplida la mayoría de edad, el coste es de 100 euros. Para los futbolistas de Primera, Segunda y Tercera División, los controles son semestrales y prevén, además, un ecocardiograma, exámenes de sangre y el test de esfuerzo máximo.
A falta de una normativa europea común, Jiri Dvorak, jefe de los servicios médicos de la FIFA, invitó hace un par de días a seguir el ejemplo de Italia. "Hay mil muertes súbitas al año en el deporte. Si alguien quiere ser profesional o incluso practicar deporte de alto nivel tiene que tomar las precauciones adecuadas. Sólo Italia realiza controles de forma rutinaria y se han evitado muchas muertes".
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A esta altura conviene aclarar que la intención de este escrito no es la de que cualquier lector salga corriendo a hacerse pruebas cardiológicas. Hablamos de atletas profesionales o de elite. En otra oportunidad abordaremos la prevención en la población general. Pero en países como Argentina sucede que sólo un grupo minúsculo de gente tiene acceso a medicina sofisticada y muchas veces reciben cuidados desproporcionados o directamente no indicados.
Si uno pensara darle un marco serio a la evaluación de los federados requeriríamos prestar atención a las siguientes recomendaciones como las expresadas por el Dr. Federico Achilli, del Hospital Italiano de Bs.As.: "Las consideraciones previas nos llevan a recomendar que a la hora de evaluar a personas menores de 35 años antes de la actividad deportiva recreacional, debamos realizarles un interrogatorio profundo para detectar antecedentes familiares de enfermedad cardíaca o factores de riesgo, examen físico y electrocardiograma. Si todo esto es normal la probabilidad de que tenga muerte súbita relacionada al deporte es muy baja. Si el paciente tiene historia familiar de muerte súbita, presenta un soplo o alteraciones electrocardiográficas, deberíamos solicitar un ecocardiograma.
Si la persona a evaluar realiza actividad deportiva competitiva organizada en ligas o federaciones, nacionales o internacionales, se sugiere realizar un ecocardiograma de rutina, debido al riesgo que le agrega la competencia."
Ahora bien, en un contexto donde hay serios problemas higiénicos-dietéticos, imaginamos que es al menos complicado conseguir que todos los chicos con aspiraciones a jugar al fútbol profesionalmente sean estudiados a conciencia y con la tecnología pertinente.
Un laboratorio de estudio cardiovascular requeriría una inversión en equipamiento de unos 65.000 dólares aproximadamente (sin contar lo edilicio) y una inversión en recursos humanos (Técnicos y Médicos) que rondaría los 10.000 pesos mensuales. En un país extenso como el nuestro, uno aspiraría a tener dos o tres centros como el antes mencionado.
Si logramos deslindar lo que es la economía destinada a la salud pública de la economía propiamente dicha del fútbol profesional, no es descabellado pensar que se podría intentar dar un respaldo médico más serio a los actores principales.
¿Qué puede ocurrir si fracasan las medidas preventivas y se produce la fibrilación ventricular?
Las víctimas, sin tratamiento inmediato, fallecen entre un 90 a un 95% de las ocasiones. Por cada minuto que pasa en fibrilación se calcula que se pierde en un 10% la posibilidad de sobrevivir al paro. Por lo tanto la medida salvadora, ya reconocida por la comunidad científica, es el uso del desfibrilador en una ventana de tiempo muy corta. Esta desfibrilación, en general, era proporcionada a la víctima del paro en los servicios de emergencia por personal entrenado.
Hoy en día constituye una recomendación disponer de ellos en sitios donde hay público para poder ser utilizados en caso de requerirlos y poder así salvar una vida.
Dr. Jorge A. Farías
Subjefe de Clínica Médica
Hospital Italiano de Bs.As.